Exposición: "Hilos, sueños, sombras y mujeres". Jesús Atienza
13-9-2007

Taller de Marionetas. Año 1977. Se producen los primeros disparos de una cámara que año tras año
acumulará miles de disparos y multitud de sensaciones. Todo empezó por intentar reflejar una realidad social, la que vivía la calle en el principio de lo que creíamos sería una democracia, y se convirtió en una explosión de libertad. Bajo la imprudencia propia de la juventud, así como de la prepotencia, en mi afán de reflejar la realidad social, las actuaciones de títeres en la calle ( mundo del que tenía un total desconocimiento) formaban parte de la estructura del reportaje ( del gran reportaje ) que pretendía realizar.

Conocer el Taller y la confianza que puso en mí Pepe Otal, fue el detonante para quedar atrapado en la magia de este arte que me ha acompañado durante todos estos años, el teatro de títeres. Gracias a las marionetas entré en un universo diferente, en un mundo que aún considero muy importante, donde las historias me enganchan con su creatividad y su trabajo artesano. No se muy bien (o sí) lo que me impulsó a continuar disparando fotos, quizás ese espíritu de documentalista que me ha perseguido siempre, quizás la vida bohemia de los y las titiriteras, o probablemente ese espíritu de libertad que poseen las marionetas, seres de los que pienso que alguno tiene vida propia.
La cuestión es que poco a poco, y foto tras foto, han pasado los años y tanto mi casa como mi espacio mental, están llenos de unos personajes con los que puedo recordar y vivir historias a veces inexplicables. Curiosamente durante todos estos años ha sido una relación tranquila, relajada y de un inmenso respeto la que he mantenido con las marionetas. El archivo está vivo y en él, también duermen muchos recuerdos, a veces hasta dolorosos. De pronto, cuando buscas algo, encuentras personas que ya se fueron, amigos y amigas con las que compartiste situaciones, ideas, noches de locura y relajadas conversaciones. Esa es la parte dolorosa de guardar la memoria gráfica de parte de un colectivo.

Nadie escapa a la fascinación de una foto en un momento determinado, esta se puede convertir en un objeto de pura arqueología, la haces, la guardas durante 25 años y cuando la sacas, las sensaciones que te trasmite pueden ser una multitud. Con los años algunas imágenes adquieren una patina muy especial.

Ha sido un trabajo silencioso. Durante estos años, aparte de los y las titiriteras, poca gente conocía mi trabajo con ellos. Un tiempo que ha transcurrido con la tranquilidad del amateur, apartándome de los tópicos de mi profesión, un trabajo en el que jamás me ha importado la técnica o la cámara con que disparaba la foto. Un trabajo enfocado a las sensaciones más viscerales que me producía la dinámica del Títere. Un trabajo libre y sin ningún tipo de concesión por ninguna parte. Mi agradecimiento más profundo a los y las titiriteras, que durante estos años han sido mi gente y parte de mi familia, y me han permitido viajar en sus furgonetas, dormir en sus casas y compartir sus vidas.

Con motivo del XXVI Festival Internacional de Títeres de Bilbao, y gracias a su lema en esta edición “Títeres en Femenino”, desearía homenajear a través de esta exposición al mundo del Títere y a las titiriteras que hacen posible que este universo exista.

Jesús Martinez Atienza

 


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